– ¿Qué te pasa? Estás extraño, ¿Tienes algún problema conmigo?
– Sí, lo tengo, pero lo que realmente me abruma y me maravilla, es que su solución podría dividir la historia de mi vida en dos.
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Si entendieras el lenguaje de mi mirada, amanecida y sustentada por el sujeto que la amanece, sabrías que el temprano e inminente eclipse de tus labios es una mera consecuencia del verbo amainado en el discurrir de los instantes en los que simplemente tiemblo absorto.
