Tentado por «Le Rayon Vert»

El artista que hay en mí
siente una laudatoria admiración,
una dulce constatación,
una placentera envidia por ti y de ti.
Porque tal cual eres
consigues inocente y esencialmente expresar,
hacerme apasionada y arrebatadamente
sentir y pensar
precisamente aquello
que quiero expresar con lo que escribo.
Tu presencia, una mnemotécnica de mi anhelo,
latente en la crisálida de mis sueño
que renace cuando despierta
por tu bendita conincidencia,
el buen suceso,
el inefable sucedido
de tu contingencia.
Y solo soy un traductor de lo bello,
un escriba de ti ante el mundo,
traduzco a cierto lenguaje convencional
más asumible y comprensible,
la experiencia enigmática de lo inconcebible,
de lo inescrutable, de lo irrevocable,
puesto que el poema más hermoso
para mí sería un verso con tu nombre,
un concisa sustantivación de lo que amo.

Deja un comentario